miércoles, 1 de abril de 2009

ARGONAUTA VENCIDO EN LA ORILLA (pequeña oda al vacío)

Atenas, 2007

Recibo mi sepultura
como un baño frío de mosaicos
y la forma rubicunda de un dios
que creyó protegerme.

Los miembros resisten experiencias
en otros tiempos agasajadas
con plata y cobre de un expolio
como tantos pasados olvidados.

Te siento cerca
y no impide la espera
rezar oblicuamente por tu olor,
tu forma de túnica
que gira según el tupido viento
de los secretos de nuestro ponto.

Quiero vivir

quiero dar
el tiempo en doble pretensión
cuando la lira ha ido reduciendo
su dulce cruce de cuerdas.

Piel suave, pálida plata de Caronte.

Naveguemos siempre de cara.
Sintamos, sin más sentencia,
el fluir de un líquido perpetuo
que recorre el don de la vida
escondida
en la última esquina de la caja de Pandora.

Se acerca el Hades impaciente,
censo de traspiés y litigios.
dudas del cielo al caer desplomado
su último brote divino.
Y con las carícias del agua salada
prometo
conseguiré volverme a levantar,
cruzar el ponto
e izar tus labios para volver
a trenzarlos entre los míos.

sábado, 28 de marzo de 2009

Resurrección

...dijeron que ya no podía dolerle porque habían extirpado sus recuerdos más preciados. Que con el bisturí los días guardados en formol se vertieron por el suelo del quirófano sin hacer demasiado estruendo. Sencillamente-dijeron los médicos-había quedado vacío.

Reinventarse. Jugar al demiurgo. Salir impulsado de la nada y bailar los brazos en cruces donde asirse. Porque así está escrito en las vallas de ninguna parte, porque así uno que no tiene voluntad ve germinar el fruto que lleva escondido.

Pasó su mano por la cabeza arrastrando el pelo hacia atrás y la sensación le pareció nueva, como si de un nuevo cuerpo se tratara. Desde la camilla podía ver los pedazos de recuerdos machacados y el líquido avanzando poco a poco hacia la puerta, una suerte de riachuelo que en algún momento los llevaría a algún mar. Pero él ya no los reconocía, era imposible reconstruirlos y mucho menos identificarlos.

Se puso en pie. Sin ropa, sin calzado. Sólo él y lo mejor de sí mismo, un mar interno que estaba en una calma azul verdosa. Si hubiera recordado algo vería las tormentas, las olas luchando, los sollozos por un respiro de aire. Pero eso no va a pasar.

Camina hacia la puerta de salida del quirófano. Sus pies se mezclan con el formol y pisotea los trocitos de recuerdo a su paso. Ni siquiera se le clavan en los pies.

Con espíritu de mesías abre la puerta. Y sólo la luz que viene desde fuera le vuelve a llenar con las simples ganas de vivir.

Luz de vacío, de horas y carretera.

lunes, 23 de marzo de 2009

Funambulista

Se le habían traspapelado los sueños. En el archivo, varias carpetas de alegres colores no sabían ya ocultar la impaciencia de sueños que asomaban por los cuatro costados y que, tras tanto tiempo sin haber querido clasificar, amenazaban ahora con tomar su vida transformándolo en víctima y retirándole de sus ojos las riendas de un horizonte en el que quería ser malabarista.

Se oía música, de fondo. Era como un ruido sordo que le ocupaba y destruía cualquier pensamiento que quisiera formular. Detestaba esa rutina gris de tener que separar, sopesar, ejecutar cualquier propuesta de sueño que hubiera sido solicitada. Porque el ser humano, por soñar, que no quede.

Instancias, sellos, aprobaciones y firmas, todo quedaba tan lejos de su mano que ya no sabía discernir si alguna vez fue el quien fantaseó con todos ellos o si bien su propio inconsciente había montado un buffet y se había independizado.

Así que juntó todas las carpetas en un costado de la mesa. No solía ponerse límites pero tenía demasiado amor a su pendiente horizonte e inevitablemente demasiados pesos podían desestabilizarle para acabar en tierra firme.

Era el suyo un horizonte azul, siempre marino, por el que le gustaba hacer equilibrios entre cielo y mar, entre dos azules que pertenecían a un mismo cariño, aquel que, primigenio, le hizo nacer por segunda vez.

Un codazo. Las carpetas cayendo en slow moving hacia el suelo, incluso algunas ya directamente en la papelera. Los sueños desperdigados y él, triste, sin quererlo, empujándolos todavía un poco más.

Una vez la mesa libre sacó un libro en blanco nuevo, como acostumbraba a hacer cuando comenzaba una nueva etapa. No importaba no haber agotado las páginas del anterior, aquél ya quedó atrás, hacía falta uno nuevo, una cubierta nueva, el olor a papel nuevo por rellenar.

viernes, 20 de marzo de 2009

BAILE Y CADENCIAS

MADRE: (…) un caballero tan enamorado de ella que yo estaba segura de que le haría una proposición, aunque fuera escribirle unos poemas muy bonitos…

ELIZABETH: (cortándola)…y con eso acabó todo. ¿Quién sería el primero en descubrir el poder de la poesía para matar el amor?

MR. D´ARCY: Yo creía que la poesía era el alimento del amor.

ELIZABETH: De un amor sólido tal vez pero si no es más que una ligera inclinación un mal soneto lo mataría en el acto.

MR.D´ARCY: ¿Y qué recomienda para fortalecer el afecto?

ELIZABETH: Bailar. Aunque la pareja sea apenas aceptable.

(Mirando a Mr.D´Arcy Elisabeth se da la vuelta y abandona el salón de baile)

jueves, 19 de marzo de 2009

Subtile invitation

...Las risas inundaron de nuevo el local que ahora le dió la impresión de tener más luz y colores, tornasolados, formando un espejo en el que se quería reflejar. El deseo de sentirse adolescente de nuevo, desinhibido, reír por las cosas más simples y no preocuparse del resto del mundo. Así que se subió a esa sensación, olvidó todas sus carencias y se atrevió a responderle acercándose a su oído:

-Estaré encantado…- y en ese momento un pedazo de hielo se derritió en su interior. Lo sentió fundirse, perder consistencia, volverse líquido, calentarse y unirse con su sangre para circular y llevar un cálido mensaje por todo el cuerpo. Ahora sentía menos frío, el ritmo de la aventura avanzaba y hubiera salido a la calle para hacerle saber al mundo que allí veían a una persona que hacía tiempo vivía escondida en él. Y sentía que podía dar calor a toda la gente que vivía un eterno invierno, como un sol que hubiera adoptado la misión de un Mesías.


Todavía quedaba mucho por soñar y tanta orilla que dejar marcada.



sábado, 14 de marzo de 2009

Noche de solsticio (Un altro cielo)

Apoyado en la barandilla inclinas tu cuerpo hacia delante como si quisieras robarle unos centímetros al aire para ver si llego a la hora prevista. Todavía quedan restos del día completamente soleado que te ha acompañado aunque ahora son sólo unos rayos los que se debaten con una silenciosa brisa nocturna y por un momento sientes un pequeño escalofrío. La mitad del cielo está de color anaranjado. Sé que te gusta este color tanto como un vaso de su zumo en un día de verano, refresca, vitamina, te hace sentir mediterráneo y un poco melancólico a un mismo tiempo.

El mirador que vigila la ciudad con tintes maternales está esta tarde casi vacío. Sólo algunas figuras pasean como extras en este escenario que hoy he querido elegir del cajón de mis memorias. Tengo un montón de exteriores y localizaciones pero es de éste del que guardo un gran cariño.

Descansas, decía, tu cuerpo en el muro y miras hacia abajo. Y desde donde te diviso empiezo a creer que no eres de este mundo. A tu lado el tiempo da vueltas en remolinos a cámara lenta, cada paso que das es un motivo para izar las velas de un nuevo día en el cual no hay tormentas ni mareas sino un mar reposado con tonos piedra, azul y verde. Y donde poder nadar.
El lino de tu camisa ondea como las carícias que un día yo creí darte, te roza pero da libertad para que tu piel respire mientras las luces de la ciudad van multiplicándose para decirte que ya está lista para nosotros.

Sigues mirando hacia abajo pero tu mirada no es de impaciencia ni de desasosiego. Es pura, recreada en la espera de saber que yo me acerco sin pesos, sin prisas ni demandas. Esta va a ser una noche para soñar y dejar que el bochorno del verano se haga nuestro cómplice. Reír, mirar, hablar. Qué cosas tan sencillas para un mundo que siempre va buscando otra vuelta de tuerca. Pero yo hace un tiempo que decidí acampar con estos tres pilares aguantando mi cobertizo de ilusiones. Porque qué más hay que esperar si uno ya no disfruta de eso.

Me levanto del banco donde he estado sentado todo este rato. Ni siquiera has mirado hacia atrás y sabes que aplaudo esa máxima en la vida.

A pasos lentos, con la arena delatora crujiendo, voy acercándome a ti. Estás tan inmerso entre los barcos del puerto que no adviertes mi presencia. Estás flotando con ellos esperando una nueva salida. Hasta que cuatro de mis dedos aterrizan suavemente en tu nuca para enseguida subir y hundirse sinuosamente en la hiedra de tu cabello. Me miras y entendemos que es hora de levantar el ancla:

-Vamos a navegar por la ciudad- dices.

http://www.youtube.com/watch?v=mRU1eceAppc