miércoles, 11 de enero de 2012

Sobre una dulce tontería....

Palabras que se mezclan con los soles, días que se asemejan a una extraña primavera cuando no hay más que nieve alrededor, horas que simplemente no se llenan bajo la ausencia de algo que nunca tuvimos.

Así, radiante y despejado el día, comenzaron a llover gotas dulces sin previo aviso. De los días en que las nubes nos habían abandonado apenas quedó un esbozo. Y, por lo imprevisto, los paraguas se quedaron en casa frustrados al no poder abrirse y saborear aquella extraña lluvia.

Fue un día 1, como el de un de primer peldaño. Y cuando los ojos más cegados subían, se conseguía ver más abajo.

Fuera, la lluvia seguía cubriendo las pieles de una dulce tontería que nadie se quería secar. Azúcar, canela y clavo, anís, crema y vainilla entrelazándose entre las letras, los minutos y los pensamientos lanzados al aire en un sin fin de confetti con los que cubrir los besos. Y éstos flotaban en una cadencia de labios que daban con otros labios y no se volvían a separar.

Sobre el fondo de unos luceros castaños iba la noche, húmeda y henchida, a recostarse sobre el otro lado, aquél que a veces nos deja ver lo mejor de cada uno aún cuando lo desconocemos. Con una dulce tontería encima.

lunes, 28 de marzo de 2011

PREGUNTAS POR BOTONES

“(…)siempre era como si no hubiera pasado nada, siempre una puerta infranqueable ante las preguntas apasionadas.” C.M.Gaite, La Reina de las Nieves …pero las cosas pasan y las preguntas se suceden, a ritmo de flash de foto, cada vez más rápidas, más inquisitivas. Los ojos, sorprendidos e incoloros, pestañean las trabas que vamos encontrando al paso de las dos piernas de una negación que acelera su paso con amago de huída. Y en cada puerta, una patada. Hasta la extenuación -literal o literaria, eso ahora da igual- pierde el aliento, golpea, hurga en el cerrojo que han pasado a doble vuelta, pestillos de ilusión metálica. No es la consecución de pregunta-respuesta la que espero salir de tu boca. En los gestos, los suspiros o incluso en la cadencia de tus reposos acierto a ver las palabras que dejas detrás de tus puertas, las pasiones que nunca lo serán si no las haces saber, si no les das –ciertamente- la categoría de pasiones. La ataraxia en las retinas, en tu cuerpo tumbado, boca arriba, hermano casi del techo. Apenas te mueves, difícilmente respiras. Y no moverte, no hacer ni siquiera el ademán de levantarte para abrir la puerta te reduce a algo menos que una sábana usada, maltrecha, casi transparente. A un alma en cama. Y las preguntas se acumulan, impacientes, obreras, como una masa rugiendo en contra de su tiempo. http://www.youtube.com/watch?v=s5aS9Ld74h8

jueves, 9 de diciembre de 2010

Nuestra alma de olas

...y volvemos. Exhaustos, con robín en los codos y rodillas, tiznados los ojos de un cansancio metálico que aumenta el peso de nuestros párpados, no queremos ver...o no sabemos ver. Pesan, también, las piernas mientras se alzan temblorosas y hundidas en la arena mojada, hacen falta las manos, los brazos, de nuevo, para alzarse. Y la piel con clapas de sal seca, sabores que con anterioridad amábamos y que ahora nos piden un poco de agua para diluirlos y hacerlos más llevaderos.

Se enredan los dedos con las algas secas, la arena se cuela por debajo de las uñas y la sensación de habernos dejado algo atrás nos imprime un aire de naufragio narcisista. Pero no nos achicamos. Seguir los restos hasta la costa se vuelve una primera motivación para llegar al centro de no sabemos dónde. Pero queremos llegar. Levantarnos. Clavarnos las astillas a sabiendas del dolor. Porque el agua salada todo lo cura, menos las regatas de nuestros sentimientos que decidieron marchar en dirección contraria. Mar adentro.

Sentados en la costa las vemos partir. Y volvemos a levantarnos.



martes, 7 de diciembre de 2010

Amaneceres

He despertado con la misma sensación del día anterior, el estómago lleno de vacío, de torbellinos con aire de tormenta e inevitablemente, asomándome a empujones a un precipicio con forma de libreta. La misma espiral que une las hojas amenaza con no dejarme ir, con engancharse quejumbrosa a los hilos de una historia que hace años va intentado salir, huidiza, tímida, a retales como una colcha de patchwork lanzando un mensaje caótico de colores y texturas.
Y hace frío. No tengo más remedio que cubrirme los hombros con ella.

A veces los silencios dicen más que las palabras pero en este caso yo las necesito, aferrarme a ellas como una boya para seguir a flote, tomar aliento para volver a hundirme en un agua donde no hay ruidos ni barcos. Son salinas de tiempo estancado y una parálisis difuminada en colores marinos. Un descenso, de nuevo.

Y ahí está la libreta, en la orilla, con sus hojas bailando al aire, pasando rápidamente con mi letra, mis palabras, mis pedazos de segundo que un día intenté que no desaparecieran cuando soy yo mismo el que los ha dejado morir, cerrándolos en tinta, entre dos cubiertas. Apilándolos como si no fueran más que una mercaderia cualquiera entre todos los libros que tengo encima de la mesa por leer. Quería más palabras, más visiones. Pero olvidé cuáles eran las mías.

Con la boca llena de sal y algas llego exhausto hasta la arena y comienzo a leer la primera hoja escrita...



jueves, 27 de mayo de 2010

No reconozco

...no reconozco a este tipo que mira asustado
desde el espejo de las escaleras mecánicas
allá donde todos miran buscando qué se yo
tal vez una sumergida Atlántida...

"No reconozco" Ismael Serrano

Es temprano y mi figura en slow moving se acerca a la ventana de un comedor que no es mío. Desde ella vuelvo a caer hipnotizado en la vista de patios interiores, edificios traseros del Eixample, sus balcones, terrazas, algunos de toques modernistas, pequeñas obras de arte ajenas a las miradas externas y de paso. En el fondo, vacíos llenos de cielo que hoy madruga con mis pupilas tullidas.

En un paso atrás finjo sorprenderme con mi reflejo en el cristal. Podría dejarme llevar por el motor literario y decir que no reconocía lo que veía pero incluso haber dormido poco no impedía un último ataque de sinceridad: ése era yo.

Odio los flashbacks tanto como los necesito. Los atesoro en cajas, señales o notas que luego voy encontrando entre las hojas de libros porque sé que un día u otro van a salir a mi encuentro de manera casual aunque de casual no tengan nada si yo mismo voy preparando su salida.

Quizás, con un poco de suerte, me encuentre un día a mi mismo saliendo de entre las páginas amarillas del "Cuaderno de todo" de Gaite. Pero de momento he de contentarme con oír mis palabras escritas.

Y me echo de menos. Terriblemente.

Y al mar.



jueves, 27 de agosto de 2009

Hilando fino se hace madeja al hilar

...en las horas de vacío dónde debe uno aferrarse si se siente ajeno a lo que le rodea, si no sabe doblegarse a lo que las fieras reparten entre dientes como normalidad cuando lo único que ésta le provoca es alzar las cejas sin asombro pero con una pizca de decepción.

Así las horas compartidas, lo lazos que se han dejado de anudar. Quién decide cómo atar a las personas en el tiempo en que las cintas van rasgando en zig-zag el aire, saber si toparán y si el azar de un viento hiperactivo decidirá confundir varias cintas en una acto de confabulación festiva. Y de esta forma nos aferramos o pretenden atarnos; porque hay personas que se creen viento, demiurgos del cazar aquello que uno se obstina en ocultar.

Así regreso de nuevo a las letras; con un "cuaderno de todo", mil ideas-raíces trenzándose y la promesa de tejer, tejer hasta la extenuación del compromiso por todo aquello que nunca quise contar, como el "Cuento de nunca acabar".

viernes, 26 de junio de 2009

Cuando las voces nos abandonan

Para David. Buen viaje y buen regreso.

Orillas en salina, oportunidades en un quizás que flotan como la basura sobre el mar después de un día de tormenta veraniega, sin orden, caóticas entre brisas altas.

Se alargan los silencios y con ellos se empiezan a vislumbrar los bajos fondos donde piedras, musgo y cofres languidecen en un discreto segundo plano. Por luz propia, en un claro de luces marchitas.

Y las voces.

Se fueron o quizás dejamos de oírlas. O simplemente las alejamos.

Una de las más añoradas, la voz propia. Porque sin ella voy a ciegas cuando va desgarrando el verano. Porque las olas ya no vuelven a la orilla sino huyen sin haberla tocado. Porque, al final del día, no hay palabras que acompañen y se sienten a mi lado del sofá haciendo la vista gorda sobre todo lo que mi mente haesbozado durante el día. Y callo por rutina, por abandono de mi voz cifrada que zarpó con todos los cofres de ideas y, descuidada, los lanzó por la borda a un jardín de azules.

Y en ellos me reconozco, bajo un fondo de silencios y opresiones líquidas.

Y floto por recuperarla, asirla a mi garganta, sorteando otras voces que no tienen nada que ver con la mia.

Subo y tomo aire. Medio sonrío y me sumerjo de nuevo.

...me pregunto cuánto puede una persona aguantar sin respirar bajo el silencio.

lunes, 18 de mayo de 2009

Hechizo marino

...bajamos paseando hacia la playa donde los niños querían ir a jugar un rato, la inocente aventura de mojarse los pies cuando uno no lleva bañador ni toalla. Les remangué los pantalones y comenzaron a jugar a huir de las olas que se acercaban, amenazantes, a comerse sus pies. Me sorprendía ver que no tenían frío. Yo, en cambio, estaba con la chaqueta puesta abrazando mis rodillas y mirándolos con una sonrisa entrecortada.

El niño, M., corría con euforia de un lado a otro. Y cuando me giré a ver qué hacía ella, L., me di cuenta que estaba mirando hacia el horizonte con una expresión melancólica.

"El mar ya se le ha metido dentro", pensé. "Y sólo tiene ocho años."

Su expresión de ausencia, de anhelo hacia lo que habrá en el otro lado, la fiebre enfermiza de azules y la extraña compañía que suponen el fondo del mar...todo, todo eso se había apoderado ya de ella como me pasó a mi hace ya muchos años.

Yo era un poco más mayor que ella, todavía recuerdo la sensación. De sentirme a la deriva, minúsculo, de tener que iniciar una travesía sin saber si Penélope estaría cuando volviera...de llenarme con las brisas y jugar con los acantilados, perderme entre los diversos azules de su superfície y descender hasta el marino de sus fondos donde se esconden los más deseados tesoros. Yo no tenía ansias de poseerlos. Sólo quería verlos, no quedármelos. Y volver de nuevo a la superfície.

Y desde entonces me encuentro como hechizado, igual que ahora lo está ella. A la espera de una nueva ola, de nuevas brisas. Con mil interrogantes metidos en botellas que no sabemos si querremos lanzar al agua, hacerlos navegar.

Ojos que descansan mecidos por los abrazos salados de un sábado cualquiera.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Fotografías de hilo y perfume

"Quand je m'endors contre ton corps
Alors je n'ai plus de doute
L'amour existe encore"

LUC PLAMONDON-RICHARD COCCIANTE


Las arrugas esconden
entre las sábanas
vacíos
retratados en noches
de luna opaca,

se abrazan
tejiendo formas
y un paisaje
de hilo fino y perfume

olor que no nubla

sabor que alimenta
el hambre de acariciarse
entre los miles de negativos
por escoger.

La caza, en la calle.
El asiento, vacío.

Y tras una jornada capturando
imágenes adquiridas
-que no esperadas-
el regreso a la cama se asienta
en restos de sorpresa

y de nuevo, al acercar
la cara a la almohada
tu olor posa con una sonrisa
estática
ante mi cámara
para retratar la noche

que he de ver sin compartir.

lunes, 20 de abril de 2009

Queda Poesía (Drowned Word/Substitute for Love)

Llevaba meses preguntándome por aquel sentimiento de plenitud que provoca lo que yo llamo poesía. No hablo de métrica, de palabras o rimas, de formas o espacios ocupados por letras. No; en la coraza que atrapa el momento sabe esconderse esa poesía de las cosas más simples en las que no solemos reparar o cuando lo hacemos, es rápida y agitadamente, nunca vacíos de prejuicios que puedan determinar esa belleza.

No había búsqueda pero notaba su ausencia (salvo algunas veces, mientras tomaba café con el mar); para suplantarla escogí columnas de letras nobles y sicarios de músicas verbales, alternando indiscriminadamente con cualquiera de mis ya conocidos de la generación del 27. Cernuda con su “La realidad y el deseo”, Lorca y sus laberínticos “Sonetos del amor oscuro”, etc. Pero algo faltaba como siempre que uno decide en la vida apostar por lo auténtico.

Quién iba a decir que a mi regreso a la ciudad que hace un tiempo tuvo la bondad de sanar mis ritmos vitales, hacerlos más distendidos para comprender el olor que se esconde tras un paseo a media tarde por el puerto, me sorprendería de nuevo con un gesto de complacencia y el objetivo de que la quisiera todavía más.

En primera instancia su presencia se me había antojado seria, una más, cerrado como había llegado yo entre contracciones y empujones de ciudades frenéticas. Pero comenzó el paseo y los matices se manifestaron caóticos y burlescos para llamar mi atención.

Mientras hablábamos, su figura se deslizaba entre promesas de dos tiempos, uno presente, otro pasado, como si por algún sortilegio todas las almas del 27 que por allí pasaron (Lorca, Cernuda, Bello, Altolaguirre) hubieran confluido en la forma antropomórfica genuina de sus ideas.

Ojos que llamaban la atención en las formas que dibujaban sus gestos, ojos protectores, amigos, de un oscuro que calentaba el alma con sólo recibir su paseo en los míos. Sé que quizás no hablaban un mismo idioma pero nunca la poesía se había parado a pensar en la forma de manifestarse. Y esta era su explosión como la primavera que nunca acababa de llegar.

Los gestos, prendidos de su piel, delataban los años que llevaban gestando batallas sin renunciar a la inocencia –a veces escondida, otras veces negada- de un niño que todavía no quiere irse a la cama aunque esté cayendo de sueño. Gestos que prensaban abrazos, abrazos que jugaban en corro alrededor de nuestra mesa mojada por inciensos de madera y un toque canela. Y el agua caliente soñando vapor.

De sus labios volví a conocer los ritmos que nacen de las entrañas de la misma tierra, amor primitivo que muere para volver a nacer, una Deméter rediviva en ideas galopantes y transpapelada a tiempos más modernos. Labios que jugaban con cadencias lentas a saberse escuchado hilvanando historias unas con otras para hacer una colcha que cubriera mi desasosiego al haber refrescado las últimas horas de la tarde.

Quizás no lo supo, pero la hoguera del descubrimiento se alzó orgullosa con ánimos de dar calor a todo cuanto nos rodeara y de dulcificar con carícias de fuego la música que iba despertando a su paso.
Su olor, atemporal pero con trazos de casta guerrera, iba acelerando el ritmo de timbales sin que se preparara una batalla; era más bien una bienvenida, desfiles de dulces bailes y soles, todos engarzados para formar lo que llamamos vida. Vida por respirar, por creer cuando ya dimos esa poesía por perdida, por encontrarla en las pequeñas arrugas que marcan los ojos cuando sonríen. Muchos etiquetarían pero nunca darían con la palabra. Mejor que sigan bailando al son de otros ritmos.

Cuando marché exhausto, cuando conseguí calmar las voces del pasado que me habían arrastrado por ese pequeño descenso hacia la Isla de los Bienaventurados, pude constatar que en el mundo queda poesía.

Y por ello respiro tranquilo.


http://www.youtube.com/watch?v=RIZSPwKY75w




martes, 14 de abril de 2009

Agnóstico de amor (Escena francesa)

“A J. por aguantar con paciencia mis teorías y evangelizaciones sobre el amor y sobretodo, mis flemas literarias que tienen mucho de fiebre momentánea y poco de realidad”

Como aquel día de lluvia esperadamente incógnita te así por los brazos en un ojal de susurros donde tenerte dentro mío se asemejaba a todo aquello que siempre nos habíamos negado.

Leía un último ensayo de Lorca en el sofá lindando con la terraza, cubierto con la manta que siempre me acompaña en todos mis viajes. Silencio en la casa, suicidios de gotas contra el tejado rellenaban el vacío que quedaba entre mis pensamientos y un extraño sentimiento. Pero acerté a oír en el crujir de las escaleras tus pasos piratas con ritmo de descubridor en tierras vírgenes.
Yo seguía mirando hacia la ventana, controlando de reojo las ascuas de la chimenea, “que no dejen de alumbrar” me repetía. Te apoyaste en el respaldo y susurraste:“¿Qué haces?”

Y respondí que, aunque estaba solo, intentaba flotar entre las aguas de una sensualidad con la que la lluvia había tiznado mis últimos barcos a la deriva, aquellos que también me habían traído a ti.

Notaba tu piel, tu olor y sobretodo tu doble mirada de aventura. Dualidades con las que jugaba a hacer pajaritas de papel y escribir reseñas de tus labios por todo el jardín, de las cuales crecerían las frutas más jugosas que nadie podría morder, el jugo más sabroso que uno podría saborear.

Seguías detrás, en silencio, pero notaba la cadencia de tus palabras atravesar preguntas para más tarde dejarlas atrás. No pensaba responderte, no quería mezclar la combinación de letras y vocales con la de miradas y carícias.

Porque con el último relámpago de la tormenta me estremecí inclinándome un poco hacia atrás hasta dar con tu pecho, entre el cual me acogiste abriendo las puertas de tus brazos. Y pasamos así la tarde, el aliento rozando promesas de gaviota cerca de mi oído, el calor de los dedos subiendo como un pasajero por las nucas y los milímetros de separación de los besos que nunca llegamos a darnos actuando para nosotros.

Te pedí que te quedaras a sabiendas que no eras real. No me importaba, quería segmentar las realidades y ser consciente de las inconsciencias que debemos vivir si queremos avanzar y apreciar lo venidero.

Porque sé de lo real pero lo ignoro por decreto. Y no digas que fue un sueño.

miércoles, 1 de abril de 2009

ARGONAUTA VENCIDO EN LA ORILLA (pequeña oda al vacío)

Atenas, 2007

Recibo mi sepultura
como un baño frío de mosaicos
y la forma rubicunda de un dios
que creyó protegerme.

Los miembros resisten experiencias
en otros tiempos agasajadas
con plata y cobre de un expolio
como tantos pasados olvidados.

Te siento cerca
y no impide la espera
rezar oblicuamente por tu olor,
tu forma de túnica
que gira según el tupido viento
de los secretos de nuestro ponto.

Quiero vivir

quiero dar
el tiempo en doble pretensión
cuando la lira ha ido reduciendo
su dulce cruce de cuerdas.

Piel suave, pálida plata de Caronte.

Naveguemos siempre de cara.
Sintamos, sin más sentencia,
el fluir de un líquido perpetuo
que recorre el don de la vida
escondida
en la última esquina de la caja de Pandora.

Se acerca el Hades impaciente,
censo de traspiés y litigios.
dudas del cielo al caer desplomado
su último brote divino.
Y con las carícias del agua salada
prometo
conseguiré volverme a levantar,
cruzar el ponto
e izar tus labios para volver
a trenzarlos entre los míos.

sábado, 28 de marzo de 2009

Resurrección

...dijeron que ya no podía dolerle porque habían extirpado sus recuerdos más preciados. Que con el bisturí los días guardados en formol se vertieron por el suelo del quirófano sin hacer demasiado estruendo. Sencillamente-dijeron los médicos-había quedado vacío.

Reinventarse. Jugar al demiurgo. Salir impulsado de la nada y bailar los brazos en cruces donde asirse. Porque así está escrito en las vallas de ninguna parte, porque así uno que no tiene voluntad ve germinar el fruto que lleva escondido.

Pasó su mano por la cabeza arrastrando el pelo hacia atrás y la sensación le pareció nueva, como si de un nuevo cuerpo se tratara. Desde la camilla podía ver los pedazos de recuerdos machacados y el líquido avanzando poco a poco hacia la puerta, una suerte de riachuelo que en algún momento los llevaría a algún mar. Pero él ya no los reconocía, era imposible reconstruirlos y mucho menos identificarlos.

Se puso en pie. Sin ropa, sin calzado. Sólo él y lo mejor de sí mismo, un mar interno que estaba en una calma azul verdosa. Si hubiera recordado algo vería las tormentas, las olas luchando, los sollozos por un respiro de aire. Pero eso no va a pasar.

Camina hacia la puerta de salida del quirófano. Sus pies se mezclan con el formol y pisotea los trocitos de recuerdo a su paso. Ni siquiera se le clavan en los pies.

Con espíritu de mesías abre la puerta. Y sólo la luz que viene desde fuera le vuelve a llenar con las simples ganas de vivir.

Luz de vacío, de horas y carretera.

lunes, 23 de marzo de 2009

Funambulista

Se le habían traspapelado los sueños. En el archivo, varias carpetas de alegres colores no sabían ya ocultar la impaciencia de sueños que asomaban por los cuatro costados y que, tras tanto tiempo sin haber querido clasificar, amenazaban ahora con tomar su vida transformándolo en víctima y retirándole de sus ojos las riendas de un horizonte en el que quería ser malabarista.

Se oía música, de fondo. Era como un ruido sordo que le ocupaba y destruía cualquier pensamiento que quisiera formular. Detestaba esa rutina gris de tener que separar, sopesar, ejecutar cualquier propuesta de sueño que hubiera sido solicitada. Porque el ser humano, por soñar, que no quede.

Instancias, sellos, aprobaciones y firmas, todo quedaba tan lejos de su mano que ya no sabía discernir si alguna vez fue el quien fantaseó con todos ellos o si bien su propio inconsciente había montado un buffet y se había independizado.

Así que juntó todas las carpetas en un costado de la mesa. No solía ponerse límites pero tenía demasiado amor a su pendiente horizonte e inevitablemente demasiados pesos podían desestabilizarle para acabar en tierra firme.

Era el suyo un horizonte azul, siempre marino, por el que le gustaba hacer equilibrios entre cielo y mar, entre dos azules que pertenecían a un mismo cariño, aquel que, primigenio, le hizo nacer por segunda vez.

Un codazo. Las carpetas cayendo en slow moving hacia el suelo, incluso algunas ya directamente en la papelera. Los sueños desperdigados y él, triste, sin quererlo, empujándolos todavía un poco más.

Una vez la mesa libre sacó un libro en blanco nuevo, como acostumbraba a hacer cuando comenzaba una nueva etapa. No importaba no haber agotado las páginas del anterior, aquél ya quedó atrás, hacía falta uno nuevo, una cubierta nueva, el olor a papel nuevo por rellenar.

viernes, 20 de marzo de 2009

BAILE Y CADENCIAS

MADRE: (…) un caballero tan enamorado de ella que yo estaba segura de que le haría una proposición, aunque fuera escribirle unos poemas muy bonitos…

ELIZABETH: (cortándola)…y con eso acabó todo. ¿Quién sería el primero en descubrir el poder de la poesía para matar el amor?

MR. D´ARCY: Yo creía que la poesía era el alimento del amor.

ELIZABETH: De un amor sólido tal vez pero si no es más que una ligera inclinación un mal soneto lo mataría en el acto.

MR.D´ARCY: ¿Y qué recomienda para fortalecer el afecto?

ELIZABETH: Bailar. Aunque la pareja sea apenas aceptable.

(Mirando a Mr.D´Arcy Elisabeth se da la vuelta y abandona el salón de baile)

jueves, 19 de marzo de 2009

Subtile invitation

...Las risas inundaron de nuevo el local que ahora le dió la impresión de tener más luz y colores, tornasolados, formando un espejo en el que se quería reflejar. El deseo de sentirse adolescente de nuevo, desinhibido, reír por las cosas más simples y no preocuparse del resto del mundo. Así que se subió a esa sensación, olvidó todas sus carencias y se atrevió a responderle acercándose a su oído:

-Estaré encantado…- y en ese momento un pedazo de hielo se derritió en su interior. Lo sentió fundirse, perder consistencia, volverse líquido, calentarse y unirse con su sangre para circular y llevar un cálido mensaje por todo el cuerpo. Ahora sentía menos frío, el ritmo de la aventura avanzaba y hubiera salido a la calle para hacerle saber al mundo que allí veían a una persona que hacía tiempo vivía escondida en él. Y sentía que podía dar calor a toda la gente que vivía un eterno invierno, como un sol que hubiera adoptado la misión de un Mesías.


Todavía quedaba mucho por soñar y tanta orilla que dejar marcada.



sábado, 14 de marzo de 2009

Noche de solsticio (Un altro cielo)

Apoyado en la barandilla inclinas tu cuerpo hacia delante como si quisieras robarle unos centímetros al aire para ver si llego a la hora prevista. Todavía quedan restos del día completamente soleado que te ha acompañado aunque ahora son sólo unos rayos los que se debaten con una silenciosa brisa nocturna y por un momento sientes un pequeño escalofrío. La mitad del cielo está de color anaranjado. Sé que te gusta este color tanto como un vaso de su zumo en un día de verano, refresca, vitamina, te hace sentir mediterráneo y un poco melancólico a un mismo tiempo.

El mirador que vigila la ciudad con tintes maternales está esta tarde casi vacío. Sólo algunas figuras pasean como extras en este escenario que hoy he querido elegir del cajón de mis memorias. Tengo un montón de exteriores y localizaciones pero es de éste del que guardo un gran cariño.

Descansas, decía, tu cuerpo en el muro y miras hacia abajo. Y desde donde te diviso empiezo a creer que no eres de este mundo. A tu lado el tiempo da vueltas en remolinos a cámara lenta, cada paso que das es un motivo para izar las velas de un nuevo día en el cual no hay tormentas ni mareas sino un mar reposado con tonos piedra, azul y verde. Y donde poder nadar.
El lino de tu camisa ondea como las carícias que un día yo creí darte, te roza pero da libertad para que tu piel respire mientras las luces de la ciudad van multiplicándose para decirte que ya está lista para nosotros.

Sigues mirando hacia abajo pero tu mirada no es de impaciencia ni de desasosiego. Es pura, recreada en la espera de saber que yo me acerco sin pesos, sin prisas ni demandas. Esta va a ser una noche para soñar y dejar que el bochorno del verano se haga nuestro cómplice. Reír, mirar, hablar. Qué cosas tan sencillas para un mundo que siempre va buscando otra vuelta de tuerca. Pero yo hace un tiempo que decidí acampar con estos tres pilares aguantando mi cobertizo de ilusiones. Porque qué más hay que esperar si uno ya no disfruta de eso.

Me levanto del banco donde he estado sentado todo este rato. Ni siquiera has mirado hacia atrás y sabes que aplaudo esa máxima en la vida.

A pasos lentos, con la arena delatora crujiendo, voy acercándome a ti. Estás tan inmerso entre los barcos del puerto que no adviertes mi presencia. Estás flotando con ellos esperando una nueva salida. Hasta que cuatro de mis dedos aterrizan suavemente en tu nuca para enseguida subir y hundirse sinuosamente en la hiedra de tu cabello. Me miras y entendemos que es hora de levantar el ancla:

-Vamos a navegar por la ciudad- dices.

http://www.youtube.com/watch?v=mRU1eceAppc


jueves, 12 de marzo de 2009

Passionate you. Pequeña estampa siciliana.


"Dos capuccinos por favor", casi dejo escapar de mi boca. Rectifico rápidamente y añado una botella de agua.

De nuevo en la carretera, cuántos meses de calma aparente engarzada de horarios, pretendidas rutinas y menos -mucho menos- mar. Por eso hoy, al subirme de manera instintiva al tren que va hacia el centro de esta nueva ciudad he vuelto a creer que los paisajes nos moldean a su antojo, cambian estados de ánimo, quitan o insuflan energía, se hacen cómplices de todo nuestro equipaje de mano.


Nada más salir del túnel se perfilaba la tierra abrupta, con montañas y desniveles (qué gran paralelismo con la misma vida), aire agreste que no entiende de arquitecturas. Está ahí para que uno la respire.

La costa, gemela, avanzaba a golpes de ola mientras yo intentaba atravesar con los ojos la ventana y tocar con las manos todos los matices del azul del mar, para hacértelos ver con mis propios dedos cuando acariciara tus pupilas, mientras el sol hacía mella de tanta claridad festiva al enfrentarse al juego de cerrar mis párpados.

Las villas antiguas, los mercados que saludaban al pasar reencontraban en mi una superposición de sensaciones que, entre contradictorias y placenteras, me iban a acompañar estos días.

Pero hoy quisiera que tus ojos fueran mis ojos, que encontraras en las personas ese resquicio de bondad que ya dimos por perdida, que olieras la fruta, fresca, henchida de colores y le dieras un bocado entero de ilusiones. Gritos, gestualizaciones exageradas, prisas...todo envuelto en una primavera anticipada.



Como un día te dije, las islas tienen un tiempo particular, curioso para los ojos de una península. Las nubes aceleran haciendo competiciones de hilo blanco sobre el cual van tejiéndose los destinos de los que andamos debajo. Y todo se enreda a veces como una madeja. Pero no hay que preocuparse porque aquí tenemos tiempo para desenredarla, tenemos tiempo de isla. De que tú cojas el ovillo y yo vaya tirando del hilo circularmente con dos manos, de salir al porche a oler el mar verde que serpentea entre las montañas, de fruncir el ceño por la mañana cuando la cuadrícula de la persiana deje entrar al sol temprano, de correr y gritar, sentirnos vivos. Porque así es el ritmo de una isla, para degustarlo y hacer de ello una delícia. Y que esta vez sea yo quien coja el ovillo y vayas tú tirando del hilo en círculos con tus manos, de coger el coche y alcanzar la cima menos alta, prensar las miradas entre papel de secar para nunca más olvidar ese momento y que sirva de señuelo a otros muchos más que han de venir. Porque vendrán si así la isla lo ha decidido...Y bienvenido sea.

http://www.youtube.com/watch?v=NOY-fkmIAMI

domingo, 8 de marzo de 2009

Un café corto (He touched me)

"Un café corto. O largo, sin mirar el reloj. Reciclar ideas. Mirar hacia dentro. Hacia fuera. Ahorrar energías. Soñar..." Azucarillo Cafés Q.

Desde hace años tengo una manía que no puedo evitar. Nunca tomo café en casa. Quizás es que no me atrevo a poner una cafetera para dos y que se quede el café de un día para otro. Un motivo menor. Porque en realidad es que cuando pido un café (normalmente con leche, para desayunar) me pongo cómodo en la silla, sé que comienza un nuevo viaje. Como dice ese gran texto de la foto "Mirar hacia dentro". Es mi homenaje al día que comienza, a las horas en las que voy a dejar que escuchar que estoy vivo por el atropello de teléfonos, reuniones, análisis y decisiones. Porcentajes, beneficios, excels a los que me dedico a poner colores para tintarlos de una pizca de poesia con todos los tonos del mar.

Sí, ese momento es mío y me gusta conversar. Estoy sentado solo pero en mi mesa se sientan otras almas. Conversamos de voluntades, carícias que hemos callado y que no nos atrevemos a mirar, de las horas que pesan ante las dudas y relativizando nos dedicamos una media sonrisa. Porque sé que tú estarás haciendo lo mismo en este momento, pedirás tu café, quizás una tostada para acompañar, irás cargando de energía el pecho para seguir con este teatro de marionetas cuando sentimos que nos han cortado los hilos y no queremos echar el telón. Porque nos sentamos juntos aunque no estemos delante uno de otro. Ni falta que hace.

A veces, miro por el ventanal de la cafeteria que doblega los rayos de sol. El horizonte del mar, siempre recto, me recuerda a un paisaje común y a los veleros que nunca supimos zarpar. Redes, anclas de un pasado que se evapora como el café caliente. Y las manos que se alargan para coger un azúcar y se topan con otras manos. Robar carícias, robar el corazón. Quedarse prendado del ritual de darle vueltas a la cucharilla, de darte vueltas a ti. Y una vez deshecho el azúcar llevarte la cuchara a la boca, llevarte los labios también.

Y en un segundo, volver a la cafetería, mirar el reloj y salir corriendo hacia el trabajo. Con arena en los zapatos.

http://www.youtube.com/watch?v=LO-wPOgVtqg&feature=related

sábado, 7 de marzo de 2009

Tengo un jardín (No one else) 2a.parte

"Paseando, me pregunto si deben existir más personas que tengan un
jardín por donde dejar las huellas una mañana de domingo y neblina."
"Y al fin, el lago. Verde, tardío y lleno de promesas. La torre de agua
controlándolo no vaya a ser que pierda el cauce. Todo rodeado de arbustos
y maleza, una pequeña gran gruta ajena al tráfico de las horas."

"Un poco más arriba, el camino marcado por cipreses. Dicen que los cipreses
son los árboles de los muertos pero a mi me gusta su compañía. Ladeados,
parecen mecerse en busca de un saludo."
"...hiedras que juegan al corro con el quiosco de música que centraliza toda la
atención. No hay música. No hay instrumentos. "

"Si me apoyo en el pequeño puente veo manos que se espesan y tímidas,
roban una carícia. Labios que penden de los árboles y sólo quieren madurar
para caer y ser libres. Benditos aquellos que los recojan porque no hay mejor
fruta que la que quiere ser mordida."