jueves 27 de agosto de 2009

Hilando fino se hace madeja al hilar

...en las horas de vacío dónde debe uno aferrarse si se siente ajeno a lo que le rodea, si no sabe doblegarse a lo que las fieras reparten entre dientes como normalidad cuando lo único que ésta le provoca es alzar las cejas sin asombro pero con una pizca de decepción.

Así las horas compartidas, lo lazos que se han dejado de anudar. Quién decide cómo atar a las personas en el tiempo en que las cintas van rasgando en zig-zag el aire, saber si toparán y si el azar de un viento hiperactivo decidirá confundir varias cintas en una acto de confabulación festiva. Y de esta forma nos aferramos o pretenden atarnos; porque hay personas que se creen viento, demiurgos del cazar aquello que uno se obstina en ocultar.

Así regreso de nuevo a las letras; con un "cuaderno de todo", mil ideas-raíces trenzándose y la promesa de tejer, tejer hasta la extenuación del compromiso por todo aquello que nunca quise contar, como el "Cuento de nunca acabar".

viernes 26 de junio de 2009

Cuando las voces nos abandonan

Para David. Buen viaje y buen regreso.

Orillas en salina, oportunidades en un quizás que flotan como la basura sobre el mar después de un día de tormenta veraniega, sin orden, caóticas entre brisas altas.

Se alargan los silencios y con ellos se empiezan a vislumbrar los bajos fondos donde piedras, musgo y cofres languidecen en un discreto segundo plano. Por luz propia, en un claro de luces marchitas.

Y las voces.

Se fueron o quizás dejamos de oírlas. O simplemente las alejamos.

Una de las más añoradas, la voz propia. Porque sin ella voy a ciegas cuando va desgarrando el verano. Porque las olas ya no vuelven a la orilla sino huyen sin haberla tocado. Porque, al final del día, no hay palabras que acompañen y se sienten a mi lado del sofá haciendo la vista gorda sobre todo lo que mi mente haesbozado durante el día. Y callo por rutina, por abandono de mi voz cifrada que zarpó con todos los cofres de ideas y, descuidada, los lanzó por la borda a un jardín de azules.

Y en ellos me reconozco, bajo un fondo de silencios y opresiones líquidas.

Y floto por recuperarla, asirla a mi garganta, sorteando otras voces que no tienen nada que ver con la mia.

Subo y tomo aire. Medio sonrío y me sumerjo de nuevo.

...me pregunto cuánto puede una persona aguantar sin respirar bajo el silencio.

lunes 18 de mayo de 2009

Hechizo marino

...bajamos paseando hacia la playa donde los niños querían ir a jugar un rato, la inocente aventura de mojarse los pies cuando uno no lleva bañador ni toalla. Les remangué los pantalones y comenzaron a jugar a huir de las olas que se acercaban, amenazantes, a comerse sus pies. Me sorprendía ver que no tenían frío. Yo, en cambio, estaba con la chaqueta puesta abrazando mis rodillas y mirándolos con una sonrisa entrecortada.

El niño, M., corría con euforia de un lado a otro. Y cuando me giré a ver qué hacía ella, L., me di cuenta que estaba mirando hacia el horizonte con una expresión melancólica.

"El mar ya se le ha metido dentro", pensé. "Y sólo tiene ocho años."

Su expresión de ausencia, de anhelo hacia lo que habrá en el otro lado, la fiebre enfermiza de azules y la extraña compañía que suponen el fondo del mar...todo, todo eso se había apoderado ya de ella como me pasó a mi hace ya muchos años.

Yo era un poco más mayor que ella, todavía recuerdo la sensación. De sentirme a la deriva, minúsculo, de tener que iniciar una travesía sin saber si Penélope estaría cuando volviera...de llenarme con las brisas y jugar con los acantilados, perderme entre los diversos azules de su superfície y descender hasta el marino de sus fondos donde se esconden los más deseados tesoros. Yo no tenía ansias de poseerlos. Sólo quería verlos, no quedármelos. Y volver de nuevo a la superfície.

Y desde entonces me encuentro como hechizado, igual que ahora lo está ella. A la espera de una nueva ola, de nuevas brisas. Con mil interrogantes metidos en botellas que no sabemos si querremos lanzar al agua, hacerlos navegar.

Ojos que descansan mecidos por los abrazos salados de un sábado cualquiera.

miércoles 6 de mayo de 2009

Fotografías de hilo y perfume

"Quand je m'endors contre ton corps
Alors je n'ai plus de doute
L'amour existe encore"

LUC PLAMONDON-RICHARD COCCIANTE


Las arrugas esconden
entre las sábanas
vacíos
retratados en noches
de luna opaca,

se abrazan
tejiendo formas
y un paisaje
de hilo fino y perfume

olor que no nubla

sabor que alimenta
el hambre de acariciarse
entre los miles de negativos
por escoger.

La caza, en la calle.
El asiento, vacío.

Y tras una jornada capturando
imágenes adquiridas
-que no esperadas-
el regreso a la cama se asienta
en restos de sorpresa

y de nuevo, al acercar
la cara a la almohada
tu olor posa con una sonrisa
estática
ante mi cámara
para retratar la noche

que he de ver sin compartir.

lunes 20 de abril de 2009

Queda Poesía (Drowned Word/Substitute for Love)

Llevaba meses preguntándome por aquel sentimiento de plenitud que provoca lo que yo llamo poesía. No hablo de métrica, de palabras o rimas, de formas o espacios ocupados por letras. No; en la coraza que atrapa el momento sabe esconderse esa poesía de las cosas más simples en las que no solemos reparar o cuando lo hacemos, es rápida y agitadamente, nunca vacíos de prejuicios que puedan determinar esa belleza.

No había búsqueda pero notaba su ausencia (salvo algunas veces, mientras tomaba café con el mar); para suplantarla escogí columnas de letras nobles y sicarios de músicas verbales, alternando indiscriminadamente con cualquiera de mis ya conocidos de la generación del 27. Cernuda con su “La realidad y el deseo”, Lorca y sus laberínticos “Sonetos del amor oscuro”, etc. Pero algo faltaba como siempre que uno decide en la vida apostar por lo auténtico.

Quién iba a decir que a mi regreso a la ciudad que hace un tiempo tuvo la bondad de sanar mis ritmos vitales, hacerlos más distendidos para comprender el olor que se esconde tras un paseo a media tarde por el puerto, me sorprendería de nuevo con un gesto de complacencia y el objetivo de que la quisiera todavía más.

En primera instancia su presencia se me había antojado seria, una más, cerrado como había llegado yo entre contracciones y empujones de ciudades frenéticas. Pero comenzó el paseo y los matices se manifestaron caóticos y burlescos para llamar mi atención.

Mientras hablábamos, su figura se deslizaba entre promesas de dos tiempos, uno presente, otro pasado, como si por algún sortilegio todas las almas del 27 que por allí pasaron (Lorca, Cernuda, Bello, Altolaguirre) hubieran confluido en la forma antropomórfica genuina de sus ideas.

Ojos que llamaban la atención en las formas que dibujaban sus gestos, ojos protectores, amigos, de un oscuro que calentaba el alma con sólo recibir su paseo en los míos. Sé que quizás no hablaban un mismo idioma pero nunca la poesía se había parado a pensar en la forma de manifestarse. Y esta era su explosión como la primavera que nunca acababa de llegar.

Los gestos, prendidos de su piel, delataban los años que llevaban gestando batallas sin renunciar a la inocencia –a veces escondida, otras veces negada- de un niño que todavía no quiere irse a la cama aunque esté cayendo de sueño. Gestos que prensaban abrazos, abrazos que jugaban en corro alrededor de nuestra mesa mojada por inciensos de madera y un toque canela. Y el agua caliente soñando vapor.

De sus labios volví a conocer los ritmos que nacen de las entrañas de la misma tierra, amor primitivo que muere para volver a nacer, una Deméter rediviva en ideas galopantes y transpapelada a tiempos más modernos. Labios que jugaban con cadencias lentas a saberse escuchado hilvanando historias unas con otras para hacer una colcha que cubriera mi desasosiego al haber refrescado las últimas horas de la tarde.

Quizás no lo supo, pero la hoguera del descubrimiento se alzó orgullosa con ánimos de dar calor a todo cuanto nos rodeara y de dulcificar con carícias de fuego la música que iba despertando a su paso.
Su olor, atemporal pero con trazos de casta guerrera, iba acelerando el ritmo de timbales sin que se preparara una batalla; era más bien una bienvenida, desfiles de dulces bailes y soles, todos engarzados para formar lo que llamamos vida. Vida por respirar, por creer cuando ya dimos esa poesía por perdida, por encontrarla en las pequeñas arrugas que marcan los ojos cuando sonríen. Muchos etiquetarían pero nunca darían con la palabra. Mejor que sigan bailando al son de otros ritmos.

Cuando marché exhausto, cuando conseguí calmar las voces del pasado que me habían arrastrado por ese pequeño descenso hacia la Isla de los Bienaventurados, pude constatar que en el mundo queda poesía.

Y por ello respiro tranquilo.


http://www.youtube.com/watch?v=RIZSPwKY75w




martes 14 de abril de 2009

Agnóstico de amor (Escena francesa)

“A J. por aguantar con paciencia mis teorías y evangelizaciones sobre el amor y sobretodo, mis flemas literarias que tienen mucho de fiebre momentánea y poco de realidad”

Como aquel día de lluvia esperadamente incógnita te así por los brazos en un ojal de susurros donde tenerte dentro mío se asemejaba a todo aquello que siempre nos habíamos negado.

Leía un último ensayo de Lorca en el sofá lindando con la terraza, cubierto con la manta que siempre me acompaña en todos mis viajes. Silencio en la casa, suicidios de gotas contra el tejado rellenaban el vacío que quedaba entre mis pensamientos y un extraño sentimiento. Pero acerté a oír en el crujir de las escaleras tus pasos piratas con ritmo de descubridor en tierras vírgenes.
Yo seguía mirando hacia la ventana, controlando de reojo las ascuas de la chimenea, “que no dejen de alumbrar” me repetía. Te apoyaste en el respaldo y susurraste:“¿Qué haces?”

Y respondí que, aunque estaba solo, intentaba flotar entre las aguas de una sensualidad con la que la lluvia había tiznado mis últimos barcos a la deriva, aquellos que también me habían traído a ti.

Notaba tu piel, tu olor y sobretodo tu doble mirada de aventura. Dualidades con las que jugaba a hacer pajaritas de papel y escribir reseñas de tus labios por todo el jardín, de las cuales crecerían las frutas más jugosas que nadie podría morder, el jugo más sabroso que uno podría saborear.

Seguías detrás, en silencio, pero notaba la cadencia de tus palabras atravesar preguntas para más tarde dejarlas atrás. No pensaba responderte, no quería mezclar la combinación de letras y vocales con la de miradas y carícias.

Porque con el último relámpago de la tormenta me estremecí inclinándome un poco hacia atrás hasta dar con tu pecho, entre el cual me acogiste abriendo las puertas de tus brazos. Y pasamos así la tarde, el aliento rozando promesas de gaviota cerca de mi oído, el calor de los dedos subiendo como un pasajero por las nucas y los milímetros de separación de los besos que nunca llegamos a darnos actuando para nosotros.

Te pedí que te quedaras a sabiendas que no eras real. No me importaba, quería segmentar las realidades y ser consciente de las inconsciencias que debemos vivir si queremos avanzar y apreciar lo venidero.

Porque sé de lo real pero lo ignoro por decreto. Y no digas que fue un sueño.